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Qué puedo decir. Me encantaría regalarte versos hermosos e inolvidables esta noche, me encantaría seguir con las palabras dulces en mis labios, pero mis ánimos no desean ir más allá de la sensación lastimera que tengo hacia mi propia existencia, hacia ese absorto cariño que me mostraste alguna vez. Me encantaría sentir que todavía puedo luchar, que todavía me quedan alientos para seguir obstinado en esta campaña que absorbió mis días, en esta promesa que me esmeré en cumplir, y más que los tenga yo, que los tengas tú, pero siento que todo fue en vano, siento que esos tristes ánimos están demasiado agotados para dar más. A lo mejor me consumí, o me consumiste, o nos quemamos juntos, pero únicamente puedo asegurar que va más allá de mi entendimiento lo que pasó. Tal vez sea una mentira propia, tal vez no conciba o no quiera concebir en tu ser todo lo que viví, todo lo que vivimos, y únicamente puedo mirar hacia atrás y ver un pasado borroso lleno de cosas que no logro asimilar, lleno de cosas que no logro olvidar. Quisiera en un principio no estar tan lleno de inseguridades, de problemas, de condiciones que me vuelven emocionalmente inestable, pero más que eso quisiera que nunca tuvieras que haberlas experimentado. Tal vez me abrí demasiado. Tal vez muy poco. Así suene pusilánime, no quiero vivir de posibilidades en este momento, no quiero dejarme manchar de nuevo por tu recuerdo, sólo déjame soplar las nubes e intentar moverlas, sólo déjame lanzarme al océano e intentar vaciarlo. Quiero que el tiempo me cure, sé que el tiempo me curará, pero por ahora las horas permanecen inmóviles frente a mi memoria, frente a tu alución, el tiempo se muestra tan reacio a dejar de rememorarte, a dejar de recapitular todo ésto, a dejar pasar los días como quien no da más. Pero, así me mate, quiero olvidar.
16 de Agosto de 2010
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