viernes, 27 de agosto de 2010

Cartas a Giacomo

Querido amigo, déjame iniciar esta carta desvelándote algo que te he tenido oculto durante mucho tiempo: tu existencia. Describirte siempre fue muy difícil, más aún describirme, pero entre ambas cosas existe algo tan similar, algo tan igual (y no me refiero a la raíz de ambas palabras, describir) que realmente me aterra aceptarlo de forma tan frentera. Siempre que entablaba diálogos con mi reflejo, siempre que predicaba interminables charlas frente al espejo, terminaba por sentir una extraña analogía a tu ser, a tu existencia; y era este misterio quien me mantenía despierto todas las noches. Me confundía entre la realidad y la imaginación, te confundía entre la realidad y la imaginación, y se me nublaban las fronteras de las creaciones de mi cerebro y las realidades de mi corazón. Vos, o yo, o tú, o nosotros, palabras que difuminaba cuando me perdía en nuestros ojos, que no sabía si era más tuyos que míos o míos que tuyos. La utilización del lenguaje se me hacía falaz cuando intentaba conjugar nuestros seres desde dos puntos de vista diferentes, terminando en esa espiral interminable de la pregunta por mi propia realidad y por la dualidad de nuestro ser. Me alegraba a ratos pensar que la dualidad de nuestro ser estaba resuelta, donde ambos éramos vos, o yo, o nosotros, pero no importaba en verdad, con tal que siempre jugáramos a la mentira y la verdad, al cíclope y la máscara. A ratos, igualmente, me sentía despertar sin recordar nada por largos períodos de tiempo, y fue donde comencé a preocuparme acerca de quién era creación de quién, o si eramos ambos parte de un tercero. No, la segunda opción debía olvidarla, así que quedaba la inquietud por el cuál. No sabía yo si cuál era el bueno y el malo, el culto y el bruto, o si ya estábamos tan inmersos en el otro que era imposible diferenciarnos. Con mi existencia entera revirando en esto, no hago más que despedirme de vos o saludarte a mi, y cualquier viceversa contraproducente. Por ahora, firma tu amigo, o el mío, el Innombrable.

27 de agosto de 2010


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