jueves, 8 de julio de 2010

Euforia

Todo comienza con un encuentro, con una mirada, con un abrazo. Algo impacientes y confundidos antes de todo, vernos inmediatamente calma nuestras ansias y anhelos. Me siento raro, como siempre contigo, pero no puedo ocultar la sonrisa colorada que transforma la mueca vacía con la que sonrío sin ti, el nervio desordenado que se apodera de mis brazos y mis piernas, y esa sensación de plenitud que llena los vacíos imaginarios que voy creando cuando no estás a mi lado. Un gesto lo dice todo, una sonrisa nos calla las palabras, y no puedo hacer más que mirarte y mirarte, con la expectativa de que se pulvericen mis ojos antes de que termine este imaginario colectivo tuyo y mío, de que se deshagan mis manos de tanto recorrer tu cuerpo. Nos refugiamos en un cine del centro de la ciudad, escapando de la rambla, y dejamos que nuestros sueños se eleven juntos y trasciendan más allá de los dolores de la realidad. Te lo susurro al oído y nos reímos, pero ambos somos tan conscientes de lo absurdo que es este amago de nuestras vidas, este engaño a nuestra existencia esta tarde que celebramos el hecho de que no haya nada que celebrar, y no hacemos más que disparar sonrisas. Entramos a un antro, y de forma desesperada me pierdo en tu mirada, me ahogo en tus caricias, me impregno de tu olor, y se me antoja olvidar todo lo malo de la verdad, sólo para jugar a estar contigo otro rato más. Me encantaría poder predecir que todo lo nuestro será así, me encantaría decirte que como esta tarde de Alicia todo será irreal y mágico, pero no soy visir ni augur para predestinar que todo estará bien. Dejemos el porvenir a Zoltar y preocupémonos por vivir esta aventura, este rato, esta alegría momentánea, esporádica, eufórica, en este momento. Por ahora, solo espero... y disparo.

08 de julio de 2010

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