Tal vez me esforcé demasiado. Tal vez muy poco. Tal vez, y solamente tal vez, era la forma en que las cosas debían pasar, pero la verdad no estoy satisfecho con como se dio todo. El tedio es mucho luego de luchar tanto, pero siento que todavía puedo, o podía, dar una última pulgada de pelea, que todavía me quedaban dientes para seguir mordiendo todo ésto y no caer al suelo, pero, me soltás esa última bomba, me tirás a matar con tu último golpe, y yo, cegado por tantas cosas, caigo de bruces al suelo. Me levanto y veo todo borroso, ojos cristalizados, y la resaca de tu rápido amor apenas evaporándose de mis venas. Nunca creí en verdad que a la final el miedo te comería la lengua, que te pudieran más las palabras, las tradiciones, las acciones, que las sensaciones. Supongo que es un postura válida, y que desde un punto de vista más analítico la incursión en mi campaña era algo arriesgado y confuso; tanto como cambiar mucho por poco, tanto como ganar más que mucho. Tal vez solo fue un flash en tu vida, un revoloteo aleatorio inusual que, seguramente, te sorprendió fuera de base y con la guardia baja. Tal vez, tal vez, nunca lo sabremos en realidad, y comprendo que hayas preferido la comodidad de la cálida rutina hogareña a esta tórrida caminata sin destino bajo la lluvia. Decidí yo a la final, así todo haya estado siempre en tus manos, y sé que mi decisión es la peor para ambos, pero mi conciencia está limpia luego de haber apostado esa última pulgada que tú preferiste no arriesgar, luego de haber dado mucho más de lo que tú, y en una mayor medida, yo, esperábamos. No se si mirarte con alegría o con tristeza, si decirlo todo con dulzura o con franqueza, pero, la verdad, ya quiero que me deje de importar.
11 de julio de 2010
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