14 de marzo de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Ganzúa
Qué pesados se han vuelto los días. Las personas corren ocupadas de un lado para otro y me siento desvanecer; triste, melancólico, se me antoja que me abracés y llenarte la espalda de lágrimas, susurrarte lamentos al oído y decirte que es algo pasajero. Hoy no tenés forma de mujer, ni de amigo, ni de droga que se lleva la mente a otras realidades, hoy, ni se qué es lo quiero, ni se me antoja escribir. A pesar de que lo hago - si, plasmo mi realidad en palabras de nuevo- hoy no lleva ese tono melancólico de los recuerdos, ni triste de los amores, ni perdido de las personas; hoy es una tristeza extraña, diferente a las demás. Gritemos! Lloremos! Que salgan del alma esas penas que nos agobian y podamos seguir con nuestra vida normal. Qué guerra, qué traumas, ese pedazo de alma lo tengo perdido en un callejón, y mi mente neurótica no hace más que buscarlo nerviosa, incesante, con las manos temblorosas y sudor frío. Te digo la verdad? Pero que sea off the record; soy un maldito junkie, un adicto a esas sensaciones extrañas que me mueven el mundo y me revuelcan la cabeza. Aceptaré que, me gusta comenzar de nuevo a jugar ese revuelto de cosas raras contigo. Abrázame en silencio, no digas ni una palabra; no dañes la tensión, ni el momento, deja que la sensación fluya y se nos congelen las almas en ese abrazo de desahogo, de promesas vacías, amores suicidas y, por enésima vez, sueños como castillos de cristal.
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