viernes, 19 de noviembre de 2010

Algún día en Nueva York

Calle, bar, casa, cama, calle, repito.
Reboto entre lugar y lugar intentando dilucidar tu naturaleza. Me derrito. Me expongo. Compro un cigarrillo con un billete mojado y lo enciendo con la mirada. Me tomo un café, y otro, y otro. A la final el mesero me regala la cajetilla por lástima.
Pienso en vos. ¿Qué será de vos? No termino de entender si huís o me buscás, si a mis espaldas me usás o te uso yo. Intento, darle una importancia nula. Me monto a un bus de espaldas y pido que me lleve al cementerio. O a mi casa, da igual, yo sólo necesito otro beso de nicotina. El último, lo prometo; lo prometo tanto como que te voy a amar por siempre. Tres cigarrillos después sigo pensando en vos y no hay avance. Mejor dejar eso para después, el doctor me recomendó alejarme de las drogas fuertes.
Estamos en tu casa, que resultó ser el cementerio. El café se transformó en whiskey y vos en una migraña. Subo los peldaños que me parecen infinitos, en mi cabeza retumba Stairway To Heaven, pero me parece más un viaje al infierno. Llego, y veo que estás desnuda en la cama con alguien más. Soy yo. Te observo tirarte mi recuerdo. Me despierto en tu cama, la sangre sigue cálida y goteando. Saco un cigarrillo, el último del paquete, lo acompaño con una mirada tuya que me sabe amargo.
Abro la ventana y dejo que entre una ráfaga de aire. Miro la cama, veo mi cuerpo pálido, inmóvil, el contraste entre la sangre y mis ojos que han dejado de orbitar. Lo lamento por el pobre imbécil que tanto llevás matando y sigue con los ojos desorbitados mirando tu cuerpo desnudo. Bueno, a la final puede que no sea tan imbécil, de algo tiene que vivir mi ego, ¿No? Salgo a la calle, rumbo al bar. Prendo un cigarrillo, tenía otra cajetilla escondida en los pulmones; sigo desnudo, y no me importa, porque se supone que los fantasmas no usamos ropa.

19 de Noviembre del 2010

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